Y las redes sociales tomaron el control de las criptomonedas

Criptomonedas y redes sociales, historia de una relación necesaria pero tóxica.

Inicio de semana reconfortante tras un fin de semana infernal. Han empezado a reverdecer los laureles y en unas semanas, quizá solo días, el histórico crack que hemos vivido quedará para eso, para la historia.

Pero, como bien reza esa frase atribuida a tantísimos autores que harían este artículo demasiado largo para enumerarlos, «quien no conoce la historia está condenado a repetir sus errores«.

Por eso es importante analizar lo que ha ocurrido e intentar esclarecer, en lo posible, por qué ha sucedido. Empecemos contextualizando un poco.

Criptomonedas y redes sociales: «No eres tú, soy yo»

En los últimos meses, debido en gran parte al elefantiásico crecimiento en el precio de la inmensa mayoría de las criptomonedas, pero sobre todo de las shitcoins (monedas de mierda, para los nuevos), la popularidad de este mundillo ha ido aumentando en idéntico grado en las redes sociales.

Eso, por una parte, tiene una lectura muy positiva, en tanto que cada vez más gente va conociendo, interesándose e incluso invirtiendo en Bitcoin, Ethereum y demás miembros de esta familia tan prolífica. Un paso más hacia la adopción masiva.

Pero esa permeabilidad de las cripto respecto a lo que se cuece en las redes sociales está conllevando un efecto muy perverso que viene a incentivar, aún más si cabe, la volatilidad consustancial a estos activos.

Los análisis técnicos, por buenos que sean, ya no valen por sí solos. Porque un tuit de Elon Musk, una noticia sobre China o el aleteo de una ballena, pueden dar un vuelco al tablero sin que apenas le dé a uno tiempo a pestañear.

Basta una pequeña chispa para originar un fuego de catastróficas dimensiones. Un incendio capaz de arrasar la que tenía pinta de ser la mejor cosecha en años.

Y hay pirómanos, con muchos intereses personales, como el citado Musk, más que dispuestos a echar gasolina a las llamas, sin importarles lo más mínimo las víctimas que provoque el siniestro. Tampoco la contaminación del humo…

«Elon Musk, me has arruinado la vida»

Pues bien, esa tormenta perfecta es la que estos días nos ha fundido con un rayo devastador. Ahora hay gente, mucha gente (demasiada gente) culpando a Elon Musk de haberles arruinado, de haberles dejado literalmente durmiendo bajo el cielo o sin nada que darles de comer a sus hijos.

Sin ánimo de ejercer de abogados del diablo, pero tampoco es justo eso. Si es verdad que toda esa gente está en la bancarrota, lo está por haber ignorado la regla número 1 del mundo cripto, aquella en la que todos los que algo saben de esto, y de finanzas en general, coinciden: «No inviertas más de lo que puedas permitirte perder».

Si ha habido quienes en esta fiebre del oro digital sucumbieron a la avaricia y no supieron invertir con responsabilidad, la chispa pudo haberla originado cualquier otra cerilla y el resultado habría sido el mismo.

Dicho esto, estamos sobre aviso. Lo que ha pasado puede volver a ocurrir. En cualquier momento. O puede que todo lo contrario y dispararse el mercado vertiginosamente.

De hecho, la hoja de ruta del inefable Elon Musk, como muchos sospechaban, sigue la lógica de lo esperado.

Esto es, en un resumen de trazo grueso: compro mucho Bitcoin y te digo que puedes comprar Tesla con Bitcoin (euforia en el mercado); pero adoro Dogecoin y lo dejo patente con muchos tuits y memes (subidones increíbles de la moneda del perrito); salgo en «Saturday Night Live» y, oh chorprecha, me cachondeo de Dogecoin, llegando incluso a decir que es un timo (se corrige severamente el precio del perrito); ahora digo que Tesla deja de aceptar Bitcoin porque contamina, no como mis cohetes, que despegan a soplidos, pero ojo, que yo no vendo mis Bitcoin (se empieza a hundir el mercado); sigo tonteando con el perro, pero como veo que casi todo el mundo me odia mucho, toca contemporizar y ahora hago constar en acta que soy un firme creyente de las cripto, pero no puedo aceptar que contaminen bla bla bla. Una de cal y una de arena.

Y en esas estábamos cuando llega China y echa más sal a la herida con su anuncio de prohibición de las transacciones con criptomonedas. Y… ¡crack!

El juguete, ya agrietado desde que Joe Biden proclamara que iba a aumentar los impuestos para los ricos, se rompe en mil pedazos. Entre todos lo mataron y él solito se murió, que se suele decir.

La resurrección de Cripto

Pero, por suerte, el mundo cripto resucita en menos de tres días. Los que con sus manos de diamante holdearon, e incluso aprovecharon tan inusitadas rebajas para hacer acopio de sus tokens favoritos o deseados, ahora sonríen y se frotan las manos, mientras quienes, presas del pánico, vendieron sus activos, se lamentan por haberlo hecho en números rojos o por haber perdido sus posiciones.

Y es que ahí parece estar la madre del cordero. ¿Querían las ballenas que soltaras tus monedas para comprarlas ellas más baratas? Todo apunta a que sí, a que el mercado ha sido adulterado, a que «emosido engañados»; que ha sido, como afirma rotundo Michaël van de Poppe, una trampa.

Elon Musk no se ha molestado lo más mínimo en tratar de disimularlo. Apenas un par de horas antes de escribir este artículo, el hombre más rico del mundo escribía, con las cenizas aún humeantes, dos tuits que dejan clara su estrategia.

En el primero de ellos dice, en relación a la creación del Bitcoin Mining Council, que ha hablado con los mineros de Bitcoin norteamericanos y que se han comprometido a apostar por energías renovables.

El segundo, no te rías que es peor, invita a la gente a ayudar a desarrollar Dogecoin enviándole ideas:

Elon, colega, vale que nos mees en la cara, pero no nos digas que es champán.

Otra consecuencia de la debacle originada por el binomio de criptomonedas y redes sociales es que hay muchos inversores que ahora, forzosamente, van a pasar un tiempo a largo, al haberse quedado atrapados en muchas de sus apuestas.

Eso, y que los apalancamientos, como se ha demostrado una vez más y con una crudeza letal, tienen más peligro que hacerle caso a Elon Musk y sus tuiterías.

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